
Antes de verte, no veía nada.
Antes de sentirte, no sentía nada.
Antes de respirar tu olor, mi olfato no tenía sentido alguno.
Antes de tocarte, las puntas de mis dedos estaban heladas.
Antes de hablarte, mi voz era muda; y cuando emitía algún sonido no eran más que ahuyentadores graznidos.
Antes de ver la luz radiante que emana de tu ser, de oír la suave y dulce melodía de tu voz, de sentir tu delicado calor; no sabía lo que era el amor.
Besarte por primera vez fue pasión, ardor y dulzura.
Maravillas inmensas encerradas entre nuestros pequeños labios, entrelazándose e intercambiando cantidades desproporcionales de amor a gran escala; dejando todo atrás sin mirar a quién pueda juzgar este amor que me profesas entregando pequeños trozos de tu magnífica aura a través del aliento que me transmites en cada beso.
Estos lapsos de tiempo, compartiendo nuestros labios, fueron alargándose cada vez más y logrando ser más intensos en el avance de nuestros encuentros.
Los besos se volvieron mas intensos, al igual que los abrazos y mi sed aumentaba… mis manos se convirtieron en musas recorriendo y memorizando la silueta de tu cuerpo.
Quería tenerte cercana, quería sentirte mía, quería recorrer aquellos espacios que jamás recorrió nadie, estando tú y yo agarrados de la mano, olvidando los malos momentos.
Me era tan propio y familiar cada aroma que emanabas, que era difícil concentrarme en otra cosa aún cuando estaba debajo del agua y no respiraba; los jazmines primaverales de tu cabello, la dulce golosina de fresa de tu cuello, la intrigante miel de tus manos y finalmente, el olor profundo e hipnotizante a chocolate que provenía de tus hermosos labios.
Verte, tenerte a sola, ya se había convertido en una grave necesidad, sentirte en mis brazos, inofensiva, tan frágil y hermosa; con esa mirada que me calma y me transforma en el ser más dulce del planeta pero también en el depredador mas feroz al defenderte.
Tenerte en mi regazo era tan satisfactorio, que no conseguiría palabras para describir un sentimiento tan profundo. Después de cada espera de tiempo separados, anhelando el momento de encontrarnos de nuevo, besarnos apasionadamente, así yo podría sentir tu calor y llenarme de tu magia para entregarte mi amor físicamente, pues hasta ahora, mi alma era tuya y las palabras no bastaban.
Respirar el olor que provenía de los poros de tu lisa y blanca piel, envolviéndote entre mis brazos, haciéndote prisionera de ésta pasión; de la que ninguno de los dos estaba dispuesto a escapar.
Con mucha delicadeza, por primera vez me atrevía a rodar las tiras de tu pequeña blusa, despojándote de ella y dejando ver parte de tu pecho y abdomen.
Sentía que me volvía loco, cuando pensé que ya no podía enamorarme más de ti, me envolviste con aquella mirada inocente: “Tengo mucho miedo pero creo estar lista para dejar de ser niña y ser tuya”.
En ese momento, sentí que eras mi luna y mi sol; con aquello que pronunciaste te deseaba con locura pero también estaba aterrado de lastimarte de alguna manera.
Mis manos temblaban, con todo el cariño que te tengo y entre besos, te quité toda la ropa; admirando ese precioso y angelical cuerpo que se escondía debajo de un uniforme de secundaria.
Con la punta de mis dedos acariciaba tu espalda suavemente, mientras ya te hacía mía; eras parte de mi cuerpo, éramos uno… ¡Que maravilloso! ¡Ya eras mi mujer!
Recuerdo que poco te quejabas, no pretendía causarte ningún tipo de dolor. Hice lo correcto, te bajé el cielo para que tocaras las nubes a mi lado sintiendo lo mismo que sentía yo.
Lo que no sabías era que yo también me hacía tuyo. Me robabas el alma entre cada beso y con cada gemido te llevabas mi corazón en trozos. Contigo me sentía feliz como nunca lo había estado y hacerte el amor, la hazaña mas grande que en mi vida había tenido. Llenándome de completo furor, estando tan enamorado como nunca, en ese momento eras mi vida sólo quería tocarte, poseerte, hacerte mía.
Al terminar, vi tu cara de dulzura. La tierna niña de la que llevaba enamorado tanto tiempo era ahora, parte de mi ser. Entrelazados en un frenesí tan profundo y complejo como hermoso, te dejaste caer en la cama agradeciéndome con un inesperado, temeroso pero cariñoso beso.
Me acurruqué en tu pecho, quedándome dormido con el precioso sonido de tu corazón al bombear sangre, sintiendo que eras mas de lo que había pedido.
