
En aquel instante cuando sentía la respiración de la muerte justo en mis sienes pensé en comunicarle a mi corazón que mis intentos por continuar con mi vida habían fallado por completo, que ya no había motivos para seguir luchando y por tanto, mis fuerzas ya estaban extintas.
Miré en mi mente para visualizar el pasado que alguna vez fue perfecto, adornado con un hermoso aroma a libertad, un dulce sentido de amor, una escalofriante brisa de inocencia que acompañaban aquellos hermosos retazos de mi memoria provocando que se posase sobre mi pómulo una gruesa lágrima de nostalgia.
Sólo eso me quedaba, recuerdos, vagos trozos de mi vida que por un giro inesperado fue a parar a un desván, a un pozo sin fondo dónde tuve la clave para salir alguna vez pero no lo hice cuando tuve oportunidad, no tuve la suficiente valentía de alejarme de los placeres culposos que ofrece la humanidad.
La compañía ciega que yo misma me hacía creer estaba justo a mi lado, una vieja foto que aunada a mis fríos pensamientos me daban una impresión de extraño masoquismo al volver a sentir aquellas emociones de amor ahora ausentes en mi mundo que me daban sentimientos de lástima a mi propia persona al ver en lo que me convertí por dejar a un lado las cosas mas importantes de la vida en cuánto a valores se refiere.
Mirando las cosas por el supuesto lado bueno, aquellos sentimientos que nos hacen sufrir habían desaparecido en mi, como el rencor, el miedo, la osadía, la avaricia, entre tantos otros ya no formaban parte de mi. Quizás era por que ellos mismos me hicieron sucumbir en el mundo real y entrar a este cementerio de almas en el que vivo.
En un cerrar y abrir de ojos visualicé mis últimos respiros antes de marchar de lo material, realmente el paso de una vida a otra no es la gran cosa cuando has hecho las cosas bien, y luchaste por lo que quisiste hasta conseguirlo y así vivir plenamente sin riesgos morales, pero este caso no es el mío. Dicen que cada quién obtiene lo que se merece y estoy de acuerdo con ello, hice daño a muchas personas y creo que las enfermedades están hechas para pagar todo el sufrimiento causado.
Mi corazón se encontraba marchito, pagué con lágrimas de sangre todo lo que hice y al mirarme en el espejo no sólo mi interior estaba deshecho, la belleza que un día creí que tendría eternamente había desaparecido de un momento a otro. No me hallaba entre esas inmensas ojeras pues siempre habría sido perfecta, mi cuerpo estaba desgastado por completo, ya no conservaba la misma figura esbelta y hermosa que todos admiraban, en su lugar había una delgada capa de piel de un color carne muy pálido con tonos de gris cubriendo mis huesos, con muchas marcas y moretones dejados por las jeringas.
Pensé que aquel espejo del hospital me mentía pero quise por primera vez salir de aquella habitación y tal vez encontrar algo diferente para hacer pero al escapar, no era el hospital al que entré una vez hace tantos años, me encontraba saliendo de la morgue, dejando mi cuerpo frío en aquella cama de metal al designio de otro humano.
Caminé sin rumbo por largo tiempo intentando entender aquel fragmento, veía personas pero ya al reaccionar que estaba muerta supe que nadie me vería… esperaba con resignación la entrada al supuesto infierno donde serian cobradas mis maldades y tal vez podría encontrar mi paz.
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