Una noche tranquila… Había sido
un largo día en la universidad, quehaceres, diligencias, conversaciones. Sí,
había sido un día cansado. Ya había anochecido y mis males estaban por
terminar. Me esperaba mi tibia cama, mi almohada y mi suave cobija para
descansar y olvidarme de todo para empezar de nuevo al día siguiente.
Una ducha, ropa holgada, cabello
limpio, liberada de estrés, un buen programa de TV (Hell’s Kitchen) y dispuesta
a entregarme en un profundo sueño al apagar el televisor y quedar en la
oscuridad de mi cuarto.
Cerré mis ojos respiré hondo sin
recordar en qué momento llegué a quedarme profundamente dormida. La última vez
que vi la hora antes de dormirme eran cerca de las 11:30 pm. Luego, mi conexión
con Morfeo fue terriblemente interrumpida por sonidos constantes y cercanos de
disparos. Al principio creí que se trataba de un sueño; pero cuando mi
subconsciente reaccionó, me di cuenta que dichos sonidos podían provenir de una
o dos cuadras adyacentes a mis residencias. Fueron en 2 renglones de tiempo; el
primero, constó de aproximadamente 5 impactos y el segundo, con 7 u 8 sonidos
de arma de fuego siendo percutadas.
No se si en ese momento fue una
ventaja o todo lo contrario, pero con sus asonancias pude distinguir
rápidamente que se trataba de un arma automática y pudo haberse trata de un Glock
9mm modelo 21 o 19 en su defecto.
También oí el rugir de varias
motocicletas al mismo tiempo de los disparos, eran varias, 5 o 6 cuando mucho. A
juzgar por el sonido se trataban de motores 150cc o 100cc a lo sumo. Desde que
vi la rueda de prensa ofrecida por el Alcalde de mi ciudad el día de las
elecciones Presidenciales el pasado 7 de Octubre no había sentido tanto miedo.
No era miedo por mí y lo que pudiera sucederme, soy inmortal… Sino por lo que
sucedía en mi entorno y como está decayendo la sociedad donde vivo en la cual
ya ni se puede dormir tranquilo.
Con un terror que me respiraba en
la nuca, inmóvil pero curiosa de saber que había sucedido decidí no cerrar la
ventana para ver si lograba escuchar algo mas. E inevitablemente oí una de las
cosas mas desagradables, una cosa desgarradora que puso mis vellos en punta;
aquello era penetrante y me erizó desde la espalda con un sentimiento agrio y
con un presentimiento hacia mi país nada bonito. EL LLANTO DE UNA MADRE.
No estoy al tanto de saber como
llegó, quién era, donde se encontraba y cómo había llegado tan rápido. Pero eran
gritos, gemidos y lamentos que se escuchaban en toda la zona. Miré mi reloj, y
eran exactamente las 12:38 am. Me sentí horrorizada y creo que hasta sudé frío.
Frases abrumadoras salían con dolor desde su interior expresando “Hijo mío no me dejes”, “Alguien que me ayude”,
“Dios mío no te lo lleves”, “Virgencita no te lleves a mi muchacho”, “Desgraciados
van a pagar esto”… entre tantos otros términos coloquiales, llenos de ira y
dolor que no puedo colocar acá debido a que rompen con algunas reglas de
lenguaje, moral y buenas costumbres.
No soy sentimentalista, pero fue
algo que tocó partes de mis sentidos que hacía tiempo que no ejercitaba. Fue una
experiencia agria totalmente. Sentí pena por aquella señora, hoy fue ella,
mañana puede ser cualquier conocido o familiar. Lamentablemente esto es lo que
se vive en mi país, VENEZUELA. Dios nos guarde.

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