miércoles, 10 de febrero de 2010

Venganza Cruel...


Estaba perdido entre mis propios perjuicios.


Y si a esta edad se le podría llamar, gustos…


Ser el chico codiciado de la clase es lo que le habría gustado a cualquiera y por largo tiempo de colegio viví las dichas de esta situación. Disfrutando cada momento rompiendo corazones de chicas adolescentes sin ser consciente de lo que estaba haciendo. Mentir entre una y otra chica llevaba mi día a día de una manera tranquila, obtenía reclamos pero a veces sentía que no era mi culpa que esas hermosas muchachas por mi pelearan como si yo fuese un trofeo. En realidad ese tipo de situaciones no me importaban puesto que, eran tiempos de colegio, ya se les pasaría; yo tampoco me sentía responsable de todo aquello no era mi culpa que se creyeran todas mis palabras…


Entonces llegó ella!!! Siempre había estado allí pero en ningún momento yo había podido captar su atención con mis encantos… de un modo casi melódico dirigió tu voz hacia mí. Fue un momento maravilloso, dejé todo aquello atrás por ella, por su hermosa voz que en mi era la sonata mas perfecta jamás escuchada. Su mirada era el reflejo aun más bello de una gota caer sobre el mar… si, me había enamorado de aquella chica, perdidamente enamorado.


Su cabello, su piel, su respiración en esos momentos fueron algo tan complementario en mi vida, tanto, que luego se hizo necesario. Ante mis ojos ella lo era todo, cuando antes solo veía una chica como las demás a las que estaba acostumbrado, esos momentos deseaba haberla conocido antes y haber congelado ese momento para siempre…


Transcurrieron los días repletos de felicidad, de amor, de cariño y también de molestia por las ilusiones que deje tras de mi. No me fijaba en mas nadie que no fuera ella, sentía su alma mía y no podía apartarme de ella pues sentía que me faltaba un trozo de mi cuerpo. Fue una historia de amor como ninguna, como siempre la había esperado con tantas ansias pero pensé que aun era muy joven para pensar en amor y era muy tarde, ya estaba enamorado y creí que ella también.


El tiempo no pasó en vano, me mostró la verdadera cara de mi enamorada y lo que consigo ocultaba… comencé a notar con preocupación su indiferencia y su gran ausencia hacia mi. Me evitaba con frecuencia y era algo difícil de soportar.


Fueron largas discusiones en las que muy herido terminaba, sin explicaciones algunas, desconsolado lloraba. A demostrar daba mi lado débil, pues, cuando se ama de verdad se siente que muere. Sus faltas de cariño sin una excusa razonable seguían, me di cuenta que algo de malo en eso había. Me armé de valor ante mi enamorada para preguntar porque mis sentimientos destrozaba.


Me explicó con claridad que todo fue una mala jugada, solo una fría venganza por las tantas de sus amigas que yo maltrataba. Un cobro de deudas por los corazones que rompí sin darme cuenta que pronto me tocaría a mi.


Con el alma en pedazos quise saber como hizo para fingirme su amor tanto tiempo, me expresó que su odio hacia mi y hacia mi vanidad era mas grande que cualquier cosa y la impulsaba cada día a mantenerme en su red. Me arrepentí de lo hecho y le supliqué estar a mi lado pero me explicó que esa, era su dulce venganza. Que yo pagara por todo aquello que hice era su principal propósito y que luego tenía que arreglármelas solo como lo hicieron sus amigas sin que a mi me importara como quedaran ellas.


Mis noches fueron interminables, se extendían al paso que pensaba en ella pues, lamentablemente aun seguía profundamente enamorado de esa niña que me cegaba la mirada y hacia sonar esa sinfonía con su voz.


Hizo caso omiso a mis ruegos y juré nunca mas volver a hacer daño pues ya sabía como se sentía y no quería que nadie mas sufriera lo que yo.


Así continué con mi vida y por un tiempo no la volví a ver, hasta que completamente me resigné a su amor y conseguí una nueva enamorada que me ayudase a olvidar ese pasado. Así lo hice y cuando me encontraba esa relación tan fructuosa apareció ella de nuevo, ofreciendo su amistad. La tomé sin rencor alguno pues, gracias a ella comprendí el verdadero valor del amor.

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