
No era la habitación perfecta.
Pero para lo que estaban allí, les bastaba.
Hablar acerca de ellos, mirarse fijamente como dos amigos apoyándose.
Largo rato transcurrió sin aburrirse de charlar acerca de sus rutinas y de lo mucho que deseaban ser felices con muchos intentos fallidos de encontrar a la pareja perfecta.
Era loca la idea de que dos amigos se encerrasen en un cuarto de hotel solo para estar tranquilos y poder hablar sin que nada ni nadie los molestara.
La confianza que los rodeaba era inmensa por eso, entre ellos, secretos no existían.
Transcurría el tiempo entre risas y sarcasmos cuando la chica decidió darse un baño en el jacuzzi que se encontraba al final de la habitación, algo normal, ella se despojó de sus ropas y su compañero aún sin mirarla seguía hablando y riéndose de sus cuentos.
Ella se colocó entre el jacuzzi dejando que el agua tibia y la espuma acariciaran su piel suavemente para relajarse poco a poco.
Cerró sus ojos para dejar llevar sus pensamientos al ritmo de la suave música que su compañero había puesto a sonar. Él estaba recostado entre las almohadas en la cama mirando a la chica, solo veía su rostro y estaba extasiado mirándola entre tanta espuma.
Ella pensando en él pero aún sin abrir sus ojos, se reusaba a cualquier posibilidad entre ellos, por razones que solo ellos conocen eso estaría muy mal ante los ojos de muchos. Por tal razón siempre al verse lo hacían ocultos.
Aún hablando de todo y haciendo gracia de su conversación dicho compañero entra en el agua con la joven, sólo por descansar un poco, sin pensar que ambas pieles podrían encontrarse en algún momento.
No faltó mucho tiempo para que sucediera lo inevitable, un cruce de caricias comenzó sin saber por parte de quién inició este bajo fuego y sin darse cuenta a los pocos minutos ardían entre besos y apasionados abrazos.
Por un lapso de tiempo se quedaron perplejos mirándose, sin creer lo que estaba sucediendo entre ellos pero sin ganas de separarse; pecho con pecho dejando que sus rostros se entrelazasen entre caricias.
Con un inútil y falso deseo de detenerse pues, lo que hacían estaba mal de algún modo y debían detenerlo, pero esto no frenó los sentimientos y el deseo que envolvían a la pareja en ese momento.
Estaban en un desván de placer, volviéndose uno, volviendo a nacer.
Dejándose llevar por la intuición y los besos en cantidades proporcionales con sabor a miel, oyendo la rapidez con la que avanzaban sus respiraciones y cuidando cada gemido, el uno del otro.
Jamás habían estado en una situación así pero no se les haría difícil acostumbrarse, era tan perfecto que podían seguir así hasta agotarse su tiempo.
Ni cuenta pudieron darse del momento al que llegaron a la inmensa cama pues, entre aquellos besos era imposible visualizar algo, era imposible siquiera respirar.
De pronto, el juego de latidos aumentaba, los suspiros se volvían cada vez más rápidos y profundos, dando paso a un éxtasis de amor cubierto por una atmósfera de deleite completo.
Un frenesí en el intercambio de almas propició el momento para volver a abrir los ojos y sellar el momento con un delicado beso, él arregló el cabello de la chica que tenía entre sus brazos detrás de su oreja dejando ver aquel brillo precioso en su mirada y ella, colocó delicadamente sus dedos en los hombros de aquel hombre que tenía entrelazado en sus piernas.
Volviendo en sí una vez de estar abrazados y entre las blancas sábanas dejar que el silencio explicara lo sucedido. No sabían si volverían a repetir el capítulo pero este, había sido disfrutado al máximo… sin ser planeado y con la mayor de las gratitudes.
Los teléfonos comienzan a sonar… es hora ya de marchar. A su paso, un jacuzzi repleto de espumas, una cama desordenada y las paredes de un cuarto de hotel que guardaba los secretos de una noche de amor derrochada.
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